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La decisión de cambiar mi vida

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La decisión de cambiar mi vida

Y, ¿cómo es que te fuiste sola a Tanzania y te quedaste? Es la pregunta que más respondo. Bueno, la que más me hacen es si estoy casada ya que una mujer de mi edad, según la sociedad de Tanzania, debería ya estar casada y tener algún que otro hijo.

Pues vivo en Tanzania porque un día me escuché. Y como toda buena aventura, esto empezó con una ruptura. De las dolorosas. De repente mi mundo se rompió, yo con él. Y todo dejó de tener sentido. Lo que nunca pude pronosticar es que todo aquello estaba pasando para bien. Siempre, y no sé por qué, había sentido que mi lugar en el mundo estaba por llegar. Que mis relaciones y trabajos en España eran aprendizajes para un momento futuro.

Cuando, poco a poco, el dolor dejaba tiempo a lo racional, como si de un puzzle se tratara, me fui dando cuenta de que por fin disponía de la libertad que necesitaba para hacer algo que hacía tiempo que quería: viajar durante varios meses. Pero, ¿cómo lo haría? ¿Por dónde empezar? No sé si alguna vez has estado en esa tesitura pero es una gran decisión porque con un gran viaje en frente, pero el dinero justo en el bolsillo, quieres tenerlo todo más o menos previsto.

Mi aventura en África empieza en Tanzania. Una amiga había realizado un voluntariado en un orfanato en Arusha y me pareció señal suficiente como para creer que ese tenía que ser mi principio. Engañé a tres amigas para hacernos un súper viaje por Tanzania que comenzaría con safari en el norte y terminaría en las tremendas playas de Zanzíbar. Y no decepcionó. ¡Fue el viaje de nuestras vidas!

 

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Pasados esos 17 días de viaje, ellas regresaron a casa, y yo me fui a mi voluntariado. Meses antes, cuando me compré el billete de avión para esta aventura, reservé ida y regreso, tenía miedo de no estar bien en mi nueva piel y quería asegurarme una vía de escape. Pero no hizo falta. Me sentí tan cómoda que lo cambié para cinco meses después.

Y es así como empieza mi nueva vida lejos de todo lo conocido pero más cerca que nunca de mi. Este fue el principio de mi vida en libertad.

Pero, ¿qué es la libertad? Yo la defino así en mi diccionario personal: libertad es disponer del 100% de tu tiempo y sentir la enorme responsabilidad de invertirlo de manera razonable, siéndote fiel y siguiendo tus propios anhelos.  Todo, todo depende de ti. Ya no hay jefes, novios, obligaciones, hipotecas, facturas, horarios… Solo estás tú y tu libertad.Para mí esa era una responsabilidad que me aterraba.

Después de entender esa nueva vida lejos de todo, empecé a dedicarle tiempo a mi mente. No os olvidéis que necesitaba curarme. Si me preguntáis cuál es para mí la imagen de mi curación os lo puedo responder: la playa de arena blanca y agua cristalina de Kendwa, en el norte de Zanzíbar. Me pasé allí un mes. Paseando, arrastrando mis pies por su blanca arena y sintiendo ese cosquilleo.Nadando y dejando que el sol quemara mis fantasmas. Respirando. Jugando con dos niñas maasai a las que les debo mucho pero nunca lo sabrán. Y así fue como en Zanzíbar poco a poco florecí como una nueva mujer.

 

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Y todo lo que viene después son miles de aventuras que te pasan cuando viajas sola por África. Vienen mis viajes a Kenia, que además de conocer sitios tan preciosos como Lago Naivasha y seguir explorando el continente madre, tenían otro objetivo, el de permitirme renovar mi visado para poder alargar mi estancia en Tanzania.

Vienen más voluntariados, viene mi falta de madurez en algunas decisiones, vienen grandes aprendizajes y algunos más pequeños pero muy útiles. Y viene mi interés por aprender swahili, con el que a día de hoy ya me defiendo. Vienen un montón de personas que se cruzan en mi vida. Para quedarse unas horas, unos días, unos meses. Y algunas para no quedarse porque no me gustan.

Viene mi regreso a casa después de seis meses por África. Y mi sorpresa cuando averiguo que muchísima gente de mi pueblo ha ido siguiendo mis aventurillas y proyectos solidarios por las redes y quieren más. Así que vienen más colaboraciones con organizaciones humanitarias. Y viene la gran decisión. Apuesto por volver a Tanzania y montarme una vida allí. El gran peso de una decisión así es saber que ya no estarás en el día a día de tus padres, hermanos, sobrinos ni amigas. Eso pesa demasiado y aveces me toca mirar hacia otro lado para ignorarlo.

Así que poco a poco, el hecho de ir viajando, ir de safari y mostrarlo en las redes hace que la gente quiera también venir a vivir estas experiencias y es así como empieza este proyecto personal.

Juntar, por fin, las experiencias con sus dueños. Acercar África a más gente, ponerle rostros, abrir nuevas ventanas a mi alrededor. Terminar con estereotipos. Animarte a venir a vivir tu propia África y, una vez más, quemar fantasmas al sol.

 

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